La participación va mucho más allá de tener una voz; hace referencia a estar informado, involucrado y tener influencia sobre las decisiones y asuntos que afectan la vida propia en los ámbitos privados y públicos, en el hogar, en los entornos de los cuidados alternativos, en la escuela, en el lugar de trabajo, en la comunidad, en las redes sociales y en los procesos de gobernanza más amplios. El artículo 1211 de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) de las Naciones Unidas, consagra la participación como un derecho humano fundamental. El Estado, en su condición de garante principal, tiene la obligación de crear un entorno propicio que permita escuchar las opiniones de los niños, niñas y adolescentes en torno a las prácticas y políticas que les con ciernen directa o indirectamente2. Los padres y madres, los cuidadores, los maestros y otros actores, también tienen la responsabilidad de escuchar a los niños, niñas y adolescentes y tener en cuenta sus puntos de vista
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